5 hábitos que boicotean tu inversión en el cuidado de tu pelo
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Hay un concepto clave: el pelo es un tejido de muy baja prioridad para tu cuerpo. Probablemente el de menor prioridad frente a órganos y sistemas vitales. Cuando hay que repartir recursos (energía y nutrientes), el pelo pierde siempre.
Veamos los 5 puntos que, como nutricionista, considero principales para lograr que los nutrientes realmente lleguen al pelo — y ahí sí, empezar a ver los cambios y la mejora en la calidad del pelo que estás buscando.
1. Dietas muy bajas en calorías
En modo restricción, tu cuerpo prioriza los órganos vitales y les "corta presupuesto" a tejidos como el pelo, las uñas y la piel — son de los primeros en sentir el ajuste.
Antes de arrancar cualquier dieta muy restrictiva (sí, incluida esa que te recomendó una amiga), lo ideal es asesorarte con un profesional que diseñe la estrategia adecuada para vos, sin destruir tejidos que después cuesta mucho recuperar.
2. Poca proteína
El pelo es casi 100% queratina (una proteína). Para fabricarla, tu cuerpo necesita aminoácidos — y varios de ellos son "esenciales": no los podés producir vos misma, tienen que venir de la comida. Sin proteína suficiente en tu alimentación, no hay materia prima para producir el pelo ni para repararlo cuando está dañado.
3. Estrés crónico
El cortisol sostenido empuja a los folículos (encargados de formar y nutrir el pelo) hacia la fase de caída, con un efecto que recién se nota 2 o 3 meses después. Por eso, si notaste un aumento pronunciado de caída general en algún momento puntual, vale la pena pensar qué estuviste atravesando un par de meses atrás — muchas veces ahí está la explicación.
El mecanismo es bastante concreto: el cortisol elevado inhibe la actividad de las células madre del folículo, que son las que activan cada nuevo ciclo de crecimiento. En términos simples, les dice a tus folículos que se queden quietos más tiempo del que deberían. Sin esa actividad, el pelo se desprende y cae.
No es solo una percepción: distintos estudios clínicos muestran que las personas con efluvio telógeno (caída temporal y reversible causada por alteración del ciclo capilar) reportan niveles de estrés significativamente más altos que quienes no lo tienen.
4. Sueño insuficiente o de mala calidad
La regeneración del folículo ocurre en gran parte durante el sueño profundo, que es cuando el cuerpo destina recursos a reparación y regeneración celular. Sin ese descanso, el proceso no se completa como debería.
5. Déficit de hierro o vitamina D
Son las deficiencias más comunes vinculadas a la caída de cabello, y muchas veces no dan otros síntomas evidentes — la única forma de saber si te afectan es con un análisis de sangre. No es un dato menor: en un estudio sobre personas con caída de cabello, el 53,5% tenía déficit de vitamina D. En otro, el 45,2% tenía déficit de hierro y el 33,9% de vitamina D.
Acá el asesoramiento profesional individualizado es clave: solo con un análisis podés saber tus niveles reales y definir la estrategia correcta para vos. Y ojo con autosuplementarte sin ese diagnóstico: la evidencia científica muestra que, si no hay una deficiencia confirmada, no está claro que suplementar traiga beneficio — y que algunos suplementos incluso pueden empeorar la caída o generar toxicidad.
Un límite importante
Estos 5 puntos te dan el marco para entender qué puede estar afectando tu pelo desde adentro. Para saber cuál —o cuáles— te está afectando a vos puntualmente, lo ideal es siempre una evaluación con un profesional que analice tu situación particular. Esta guía es el punto de partida, no el diagnóstico.
Cualquier duda que tengas no dudes en escribirme (camila@perlapli.com). Me encantaría conocerte y ayudarte desde mi formación.
Que tengas un muy lindo día de pelo. Nos vemos en los próximos capítulos.
Camila Sarabia, Co-fundadora y COO de Perla Pli, Lic. en Nutrición y Magíster en Metabolismo, Nutrición Hormonal y Deportiva